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Las primeras investigaciones históricas conocidas y publicadas de la ciudad de Villafranca de los Barros se las debemos a D. José Cascales Muñoz que en 1904 nos daba a conocer sus “Apuntes para la historia de Villafranca de los Barros”, reeditados en 1982. También en este mismo año, 1982, D. Antonio de Solís y Sánchez Arjona, publica “Villafranca en la historia”, libro de investigación histórica que viene a completar lo ya existente sobre nuestra ciudad.


En 1983 D. Manuel Garrido Santiago suma páginas de nuestra historia, con su estudio sobre “Arquitectura religiosa del siglo XVI en Tierra de Barros”, con importantes referencias sobre el arte en nuestro pueblo. Años más tarde se localizan los restos de un asentamiento romano, descubierto y estudiado por D. Alonso Rodríguez Díaz. Es probable que este núcleo se corresponda con Perceiana, «mansio» ubicada entre Contributa y Augusta Emérita, según las fuentes. Se conserva un tramo de la calzada romana. Este primitivo emplazamiento fue abandonado para reaparecer en el lugar que ocupa en la actualidad.


Prehistoria

En su término municipal y en estrecha relación con su potencial agropecuario, se localiza una amplia serie de asentamientos y vestigios arqueológicos que evidencian una ocupación casi ininterrumpida de esta zona desde la Prehistoria hasta nuestros días. Los restos más antiguos encontrados remiten a los momentos finales de la Edad del Cobre o Calcolítico (1800 a.C. aproximadamente). Estos corresponden a un pequeño poblado en llano ubicado en el paraje de Los Cortinales, justo en el lugar donde hoy se encuentran los depósitos de agua que abastecen a la población.

A pesar de la destrucción parcial del yacimiento, en los años 1984 y 1985 se realizaron sendas campañas de excavación arqueológica, dirigida por la Dra. Dña. Milagros Gil-Mascarell Boscá y Alonso Rodríguez Díaz, ambos del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Extremadura, que revelaron la presencia de un buen número de estructuras subterráneas o semisubterráneas, que fueron excavadas en el caleño (sustrato calizo de la zona).

Los resultados de dichas excavaciones pueden resumirse en la aparición de una serie de fosas excavadas en un suelo de tipo calizo muy compacto, cuya función es muy difícil de precisar aún. Sin embargo, según los citados arqueólogos, algunas de estas fosas pudieron estar destinadas viviendas y otras a lugares de almacenamiento de granos, silos, según las formas conservadas. Las primeras son de planta circular u oval y de escasa profundidad. Sobre ellas iría una cubierta vegetal de la que tan sólo se han conservado trozos de barro con improntas de ramajes. Por su parte, los posibles silos muestran perfiles acampanados y su profundidad es mayor. Los materiales cerámicos aparecidos en estas fosas son muy parecidos a los de "La Pijotilla" (Badajoz), y nos remiten a una etapa final del Calcolítico, aproximadamente entre 2000 y 1800 antes de Cristo. La aparición de huesos animales, los posibles silos y la proximidad de una mina de cobre abandonada apuntan hacia una economía mixta, basada principalmente en la agricultura, la ganadería y posiblemente la minería. Este último aspecto no ha sido comprobado aún por no haber aparecido ningún fragmento metálico durante la excavación, pero no se descarta su presencia dado que la superficie excavada hasta el momento es muy reducida.

También en este ambiente epicalcolítico o quizá en un tiempo inmediatamente posterior (Edad del Bronce), se inscribe el hallazgo de varios enterramientos en cista (enterramientos individuales consistentes en una reducida superficie delimitada y cubierta por lajas de piedra donde el cadáver se encontraba en posición fetal, junto al cual solía colocarse el ajuar), en el paraje de Las Palomas, a escasamente 3 km. al sur de la población.


Tras un hallazgo casual (1983), se procedió a una intervención de urgencia (1985) que permitió exhumar cinco nuevas sepulturas que por el momento no han podido ser asociadas a ningún asentamiento estable. Tres de ellas eran de carácter individual y dos acogían inhumaciones dobles. De un total de siete individuos recuperados, sólo un cuerpo perteneció a una persona de corta edad. El ajuar que acompañó a este grupo funerario de Las Palomas puede considerarse irrelevante, si bien hay que referir en este sentido un pequeño cuenco cerámico y un puñalito de cobre recuperados de forma incontrolada en el descubrimiento de 1983.


La Protohistoria en nuestro término municipal, hoy por hoy, se nos muestra como un auténtico vacío informativo, si bien en zonas próximas se han registrado importantes hallazgos: las estelas de Fuente de Cantos y Almendralejo del Bronce Final. El Guerrero de Medina de las Torres dentro del período Orientalizante, los poblados prerromanos de Belén (Zafra) y Hornachuelos (Ribera del Fresno), etc.



Edad Antigua

Aunque no se descarta la existencia de hallazgos encuadrables entre el Bronce Final y la Segunda Edad del Hierro, lo cierto es que hasta época romana no se conocen nuevos vestigios de ocupación antigua en el término villafranqués. A pesar de que ninguno de ellos ha sido objeto de excavación arqueológica, todos los asentamientos de dicha época parecen corresponderse con explotaciones agrícolas o villae, muy extendidas y conocidas en la región extremeña. No obstante, son de referencia obligada el descubrimiento a finales del siglo pasado de la teja romana de El Villar, hoy depositada en el Museo Arqueológico Nacional, y el tramo de la Vía de la Plata (Iter ab Ostio fluminis Anae Emeritam) que recorre de N. a S. el término.

Los estudios lingüísticos y arqueológicos realizados en este sentido parecen evidenciar que Perceiana no fue más que uno más de los asentamientos rurales que se conocen en esta comarca. Cada asentamiento recibió un nombre derivado del de su dueño. Así, Perceiana indicaba la existencia de una villa Perceiana, o lo que es lo mismo, de una vivienda rural cuyo propietario se llamaba Perceius. Por otra parte, hemos de referirnos también al Itinerario Antonino, que tenía la misma función que una guía actual de carreteras. En dicha fuente se recogían las principales calzadas que recorrían y comunicaban el Imperio.

En esta especie de guía se habla de una ruta que unía Ayamonte y Mérida. En ella se recoge una mansio (especie de albergue situado en las vías para el descanso de los caminantes que cubrían una jornada de camino), llamada Perceiana, situada a 35,520 Kms. al Sur de Mérida. La visita al lugar indicado por el Itinerario coincide con el paraje conocido por "Las Vegas" en la carretera Gijón-Sevilla. Este asentamiento ha proporcionado importantes muestras arqueológicas.

De cualquier forma, todos estos descubrimientos no vienen más que a corroborar la existencia, a partir de la fundación de Augusta Emerita, de un plan sistemático de ocupación y explotación del suelo lusitano. Resumiendo, podríamos decir que Perceiana nunca fue una ciudad, sino que se trató posiblemente de un asentamiento rural romano destinado a la explotación agrícola y, al mismo tiempo, fue una mansio o lugar de paso en la calzada Ayamonte-Mérida, que en gran parte es muy semejante a la actual carretera Nacional Gijón-Sevilla. La cerámica recogida en los distintos asentamientos romanos de Villafranca ponen de manifiesto una dependencia comercial y posiblemente administrativa de Mérida, dependencia que se mantendría en época visigoda hasta la dominación musulmana.



Edad Media

Al poco tiempo de la Reconquista, Mérida y su territorio quedaron incorporados a la Orden de Santiago. Villafranca es repoblada durante la segunda mitad del siglo XIII, en tiempo que los Maestres de Santiago residían en esta provincia. La importancia repobladora de las órdenes militares se explica no sólo por su actividad militar sino también por los intentos pontificios de acentuar la centralización eclesiástica. Dentro del territorio emeritense se encontraba un "lugar" llamado Moncovil. Tenía 50 vecinos cuando a mediados del siglo XIV, Don Fadrique, hermano del Rey y Maestre de la Orden de Santiago, le dio el título de "villa" y Cabeza de Encomienda al lugar. Entonces cambia su anterior nombre de “Moncovil” por el de Villafranca. Da el Maestre, junto con este título, la dehesa de Villargordo como dehesa boyal para que pastaran los bueyes, yeguas y ganado de labranza de los vecinos de la recién creada villa.

La mayor parte de las Villafrancas fundadas o creadas en la Península estuvieron relacionadas con cartas de franquicias (libre de impuestos). Pero en nuestro caso, no se conoce hasta el momento tal documento. Desde el siglo XV aparece con los nombres de Villafranca del Maestre o del Maestrazgo, adquiriendo en el siglo XVIII, para distinguirse de otras Villafrancas, el apelativo “de Extremadura”. A mediados del siglo XIX adoptaría el adjetivo de la comarca a la que pertenecía, los Barros. El rey Alfonso XII le otorgó el título de «Ciudad». En sus orígenes, nuestro pueblo se reducía a la Plaza Vieja y algunos tramos de las calles que salen de ella. La Iglesia, que estaba donde hoy se encuentra la Parroquia del Valle, quedaba algo retirada del casco urbano y también allí se encontraba el cementerio. Villafranca creció rápidamente y pidieron otra nueva dehesa boyal, por tener ya los cien vecinos y no bastarle con la de Villargordo. Tardaron en contestar la petición hasta que el Rey D. Enrique IV, al poco tiempo de subir al trono, como administrador de la Orden, les concede la dehesa del Hinojal. Esta donación la confirmaron después los Reyes Católicos en un pergamino que se conserva en el Archivo Municipal.



Edad Moderna

En la época de los Reyes Católicos Villafranca había crecido y tenía cuatrocientos vecinos. Podía considerarse un pueblo rico. La Plaza del pueblo seguía siendo la Plaza Vieja, donde, en unos portales, estaba el Ayuntamiento. En mitad de la Plaza existía una picota, que era una columna de piedra donde se ponían a los reos para que los vecinos del pueblo vieran su castigo. Las casas llegaban ya a la Iglesia, que era la del Valle. Después, se seguiría edificando en las actuales calles Macías, Carvajales, Mártires y el Villar, (donde estaba la judería en tiempos de Dña. Juana y su hijo D. Carlos l). También existía la ermita de la Coronada a las afueras del pueblo, pero estaba en tan malas condiciones que se mandó caer y hacer otra en las proximidades, que es la actual. En esta época se consolidan los límites actuales del término de Villafranca, pero además, los vecinos tenían derecho al uso de los pastos de Fuente del Maestre y Los Santos de Maimona. Quizás este sea el motivo por el que Villafranca tiene tan poco término.

La economía se basaba en la agricultura y la ganadería. Cada vecino tenía derecho a mantener en las dehesas boyales una vaca con su cría y una novilla. El que quería tener más había de abonar lo establecido por cada cabeza de ganado que pasaba de este mínimo. Los labradores estaban organizados en una especie de Cooperativa alrededor del Ayuntamiento y todas las labores se hacían en común. Un problema de gran preocupación era el de las plagas, que también se trataba en común, recibiendo a veces los agricultores ayudas económicas a fondo perdido, por parte del Ayuntamiento. Las guerras sostenidas con Portugal durante los reinados de Felipe II y Felipe IV, en los siglos XVI y XVII, constituyeron un paso atrás en el crecimiento de nuestro pueblo y de toda la zona. Fueron muchos los recursos humanos y económicos que se hubieron de destinar a dichos conflictos.   

                
Es, precisamente en tiempos de Felipe IV, cuando tienen lugar las excesivas talas de encinas y, en compensación, el Rey les concede el aprovechamiento de ciertas leñas en los campos de Alange. Por entonces, también Villafranca contribuye con un número determinado de artesanos para fortificar Jerez de los Caballeros, amenazado por los portugueses. La verdadera transformación de villa ganadera en villa agrícola, puede considerarse terminada con la entrada del siglo XVIII. Esta transformación trajo consigo una escasez de mano de obra, de tal forma que se castigaba a quien, en tiempos de recolección, saliera a segar fuera del término de la villa, habiendo mieses para recoger. La agricultura, que seguía en un régimen parecido al de las Cooperativas, continuaba protegida para evitar el abuso y las competencias con otros mercaderes. Así, el Concejo a veces compraba mil fanegas de trigo para mantener los precios. Los granos para la siembra eran repartidos por el Concejo, en función de la clase y cantidad de yuntas que cada uno tuviese.


Y mientras... la población seguía creciendo. A través del Catastro del Marqués de la Ensenada, durante el reinado de Carlos III, han llegado hasta nosotros datos como la construcción de la Plaza de España, para la que hubo que comprar varias casas y caerlas. Asimismo, conocemos el número exacto de molinos de aceite, tiendas, artesanos, etc., que nos indican que durante esta época Villafranca atravesaba por buenos momentos. También en España y en Europa era el gran momento en el que la cultura resurge con ánimos de romper con la tradición. Es el momento de la Ilustración.



Edad Contemporánea

La guerra con los franceses, durante el reinado de Carlos IV, fue una de las mayores catástrofes ocurridas a nuestro pueblo. La ruina hizo aparecer el hambre y, gracias a la habilidad del Alcalde, no ocurrieron males mayores. También el espíritu guerrillero llegó aquí de manos de un paisano llamado Juan Mesías. Terminada la guerra, empieza la recuperación, pero las condiciones ya no eran las mismas. Los labradores habían perdido sus propiedades, las industrias estaban arruinadas y algunas dehesas comunales tuvieron que venderse para pagar los gastos de la guerra. La población aumenta con la llegada de vecinos de otros pueblos pequeños de alrededor. Villafranca intenta una recuperación casi imposible. Fue durante el siglo XIX cuando la ley de Mendizábal acaba con las propiedades de la Iglesia. Con esto cesa la influencia de la Orden de Santiago sobre Villafranca. La jurisdicción eclesiástica terminó con los últimos años del siglo (1894), con la Encíclica de Pío IX "Quo Gravius". Villafranca tenía entonces 7.193 vecinos. Las dehesas del Hinojal y Villargordo se repartieron entre 350 vecinos y su importe se empleó en acciones del ferrocarril Mérida-Sevilla.

El paro empieza a aparecer. Para paliarlo, el Concejo vende algunas tierras que poseía y el Gobierno de Madrid manda algún dinero que se invierte en obras municipales, como los puentes de acceso a la población, la traída de aguas de Valdequemao, la carretera de circunvalación, etc. A mediados del siglo XIX adoptaría el adjetivo de la comarca a la que pertenecía, los Barros. Y en 1885 el Conde del Alamo, natural de Villafranca, siendo diputado a Cortes, consigue de Alfonso XII para el pueblo el título de “Ciudad”, en consideración al crecimiento de la población por el desarrollo y auge de su industria y comercio. Pero en España tampoco soplaban buenos vientos. El siglo XIX se sumía en una fase de inestabilidad política y social que desconecta nuestro país con el resto de Europa y cuyas consecuencias llegan a nuestros días.

Al amparo del Romanticismo, se inicia en Villafranca un movimiento cultural que se resume en la "Tertulia Literaria", fundada por José Cascales Muñoz. Se abría un museo arqueológico y se creaban varios periódicos locales de distinto signo político "Eco de los Barros" (1891), "Chiquitín Charlatán" (1896, "El Demócrata Extremeño" (1903). "El Heraldo" (1909), "La Opinión de Extremadura" (1909), "La Patria Chica" (1917), "Adelante" (1920), "Cultura" (1930), "El Guirigay" (1932), etc. En 1895 los villafranqueses ya se alumbraban con luz eléctrica. Ya en el siglo XX, en 1919, se abrían las puertas al teatro y al cine en el Salón Alhambra.

El siglo XX, con el paso del ferrocarril y, sobre todo, la llegada de la energía eléctrica, marcaron para Villafranca el punto de arranque para su industrialización. El servicio telefónico quedó totalmente regularizado en 1920. En la agricultura se seguían empleando los procedimientos tradicionales. A fines de los años 20 vinieron las primeras trilladoras. Se hicieron numerosas bodegas de vino, se establecieron entidades bancarias; en una palabra, se empieza la industrialización. Lo que más fama le dio a Villafranca fueron las fábricas de caramelos (desaparecidas hoy) y los talleres de bordados (funcionando en la actualidad).

Pueblo agricultor por excelencia empezó en esta nueva etapa a desarrollar la industria derivada de la agricultura y, después, de índole diversa. Se desarrolló el comercio de ultramarinos, ferretería, tejidos, etc. Las calles de la ciudad estaban empedradas y el suministro de agua se hacía desde los caños, por medio de aguadores. Las costumbres de estos tiempos estaban influidas por los religiosos en casi todo. Los lutos estaban reglamentados: por un padre, siete años; por un hermano, cinco; por el abuelo, dos. La joven que perdía a sus padres cuando tenía 15 años, con un poco de mala suerte, podía estar ya de negro por el resto de sus días. El antiguo convento de clarisas, situado en la hoy plaza del Corazón de Jesús, era propiedad del Ayuntamiento. Tenía en él unas escuelas, lugar de ensayo de la banda de música, y un local arrendado a un comercio, con fachada a la calle Larga. Lo que daba a la puerta del Perdón de la Iglesia (las antiguas celdas), habían sido abiertas a la calle y, a falta de Plaza de Abastos, en ellas se vendían el pescado, las verduras y la carne. El cuartelillo de la Guardia Municipal, también estaba allí. Durante la dictadura de Primo de Rivera se hace el alcantarillado, empezándose a asfaltar las primeras calles.

Destacamos en estos años la masa coral "Orfeón de Santa Cecilia` dirigida por el Maestro Pedro Bote, cuya fama sobrepasó los límites provinciales. En 1924 se instala un Seminario Menor, donde hoy está la Residencia de Ancianos. Al igual que en el resto de España, también existieron las luchas entre conservadores y liberales. La política en estos tiempos era un deporte caro, terminando arruinados todos los que en ella intervinieron. En 1925 se inauguró el monumento al Corazón de Jesús.

Las elecciones del 14 de abril de 1931, provocaron la caída de la Monarquía y la consiguiente venida de la República. Durante este tiempo se asfaltaron algunas calles principales y se hicieron los dos primeros grupos escolares: el Pilar y el de la calle Mártires. Como consecuencia de la expulsión de España de la Compañía de Jesús, los jesuitas tuvieron que dejar el colegio de San José, que pasó a ser Instituto de Segunda Enseñanza. De 1936 a 1939, Villafranca como el resto de España, estaba sacudida por las consecuencias de la guerra civil. Cientos de demócratas fueron fusilados por las fuerzas rebeldes de Franco. El año 1940 fue conocido como el "Año del Hambre" y costó muchas vidas. Se compra la Casa hasta hace poco Ayuntamiento, la anterior estaba en el lugar que hoy ocupa la Caja de Ahorros de Badajoz (Calle de la Cárcel). Se inauguró la actual Plaza de Abastos y el viejo convento de las Clarisas de la Encarnación fue demolido, haciéndose en su solar, una hermosa Plaza con el nombre de "Plaza del Corazón de María".

En el año 1952 se desbordó el Tripero, llegando a subir el agua tres metros de altura en la Carrera Grande. Arrolló las casas, se derribaron paredes, fueron muchísimas las inundaciones y hubo que lamentar varias vidas. Por este motivo se canalizó el arroyo. La tradición musical está representada estos años por la "Agrupación Lírica de Villafranca", cuyo fin era representar zarzuelas, consiguiendo premios importantes. Por entonces se instala la Industria Forjas y Aceros del Guadiana, la fábrica de Conservas Vegetales, la Alcoholera y es el momento del despegue industrial tan necesario para nuestro pueblo. La presa de los Molinos que surte de agua a Villafranca fue inaugurada el 9 de abril de 1984.


Si históricamente su base económica ha sido el sector primario, en los últimos años se están invirtiendo los datos. Actualmente la agricultura representa el 12,10%, la industria el 16,70%, la construcción el 17,10% y el sector servicios el 54,10%. La Vid (67.000 hectáreas) posibilita la producción y comercialización de vinos con la denominación de origen Ribera del Guadiana; además, cabe citar la producción del Olivo y la Cebada. Villafranca cuenta con dos importantes Cooperativas vinícolas: la de San José y San Isidro. En 1.996 se instala la empresa "Productos Tartáricos Internacional", y en 1.998 nace Barbosa & Almeida, empresa de capital portugués dedicada a la producción de vidrios.

 


El escudo

El escudo de la ciudad fue aprobado por el Consejo de Ministros en sesión de 29 Enero de 1982. En campo de Gules un guerrero armado de todas sus armas, montado sobre un caballo galopante en plata. El guerrero lleva en su escudo la cruz maestral de su Orden de Santiago, siniestrado de otros dos guerreros a pie armados y en sus escudos la cruz de Santiago en gules. En franco cuartel de plata la cruz de gules de la Orden de Santiago. (Hace referencia al pasaje de la batalla de Axaquias). La villa, como tal, tenía un Comendador. En los libros de reuniones de la Orden de Santiago se citan algunas acciones de guerra de estos comendadores con su gente de Villafranca.. En una de estas acciones se basa el escudo de nuestro pueblo: "En la batalla de las Lomas de Málaga contra los musulmanes, estando el comendador de Villafranca con el de Hornachos, los moros mataron el caballo del Maestre de la Orden, quedando éste a pie. Entonces, el Comendador de Villafranca cedió su caballo al Maestre para que pudiera seguir dirigiendo la batalla". Este pasaje es el que representa el escudo: El Maestre a caballo y el Comendador de Villafranca y Hornachos a pie. La cruz del cuartel superior izquierdo es el emblema de la Orden de Santiago.

 



La bandera